lunes, 9 de septiembre de 2013

CAPITULO Nº 3
(Técnicas prácticas para crear y vender obras cinematográficas)

DECODIFICACIÓN DEL VERDADERO Y FALSO MENSAJE EN EL SÉPTIMO ARTE. TÉCNICAS QUE PERMITEN DISCERNIR ENTRE LA EXISTENCIA DEL MENSAJE Y LA AUSENCIA DEL MISMO EN LOS FILMS Y, ASÍ, MANTENERNOS ALEJADOS DE LA CREACIÓN DE OBRAS INENTENDIBLES Y CHATAS.
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Un gran publicista que vivió en el siglo pasado aseguraba que el verdadero mensaje es aquel que comprende el público en general. Que quien escribe pseudos mensajes, los cuales solo unos pocos logran entender, nunca dejará de ser más que un simple aspirante a Shakespeare.
Nada más cierto que esto. Pues, en las últimas décadas se han creado miles de obras en todas las doctrinas que nuclean al arte y, sin excepción, una es más maravillosa que la otra. Pero también en paralelo a ello, se fabricaron fantochadas y ridiculeces en nombre del arte que muchos festejaron y aún festejan sin siquiera saber de lo que se trata.
Por hechos de esta índole el famoso literato Ernest Hemingway decía que la obra clásica es la que todo el mundo elogia, pero que nadie entiende.
Entonces, es por la presente razón que resulta imprescindible saber diferenciar entre el verdadero y el falso mensaje para no caer en la creación de las obras inentendibles y chatas. Obras que lejos de darnos renombre, nos mantendrán en el anonimato del que nunca podremos salir.
Por dicho motivo, es primordial que conozcamos la decodificación del mensaje cinéfilo.

Grandes artistas de diferentes doctrinas y prestigiosos académicos de las distintas ramas del arte, coinciden en que la pintura, la escultura y el arte plástico entre otros, poseen una gran ventaja con respecto al cine al momento de comunicar y trasmitir algo.
Cual podría ser ésta ventaja? Veamos; Amén de lo que nosotros podamos suponer, estos afirman muy acertadamente que si un sujeto que no tiene conocimiento sobre pintura, escultura y arte plástico se coloca frente a estas obras y el creador de las mismas les dio vida desde el sentimiento y la sinceridad, más allá del mensaje que haya querido plasmar fuera cual fuere, el sujeto permanecerá encantado y maravillado con lo que ve.                                                                                     ¿Por qué? Porque que el sujeto en cuestión no comprenda que es lo que quiso decir el pintor con su pintura, el escultor con su escultura y el artista plástico con su obra, si el autor le brindó a su trabajo sentimiento y sinceridad, eso no le impedirá alucinarse por lo que tiene frente a él.
Sentirá deseos incontrolables de acariciar con su vista la obra, porque ésta le trasmitirá a su alma una exquisitez tan deliciosa que querrá saborearla una y otra vez.
Sin embargo, de ninguna manera esto podría suceder en cine, ya que el cine es un medio mucho más abarcativo, complejo y solido. Por obligación y ley estructural para una real interpretación de lo que se está viendo, éste debe tener un comienzo, un nudo y un desenlace.
No importa con cuanta poesía hayan rodado el film, si el mensaje está incompleto o es inexistente, es indistinto lo que el autor sintió o cuanto se sinceró cuando creó su obra, dado que el espectador pueda estar 1, 2 o 3 horas frente a la pantalla que no entenderá ni sentirá absolutamente nada más que un gran vacío intelectual y emocional.  
Por ejemplo, si alguien les dijera: Juan – campo – auto – a casa. No entenderían de que están hablando, pero si a éstas palabras les agregasen: Viene mañana - me presta el – y me voy. En la unión eso nos daría como resultado la siguiente frase: Juan viene mañana al campo me presta el auto y me voy a casa.
Esto es exactamente lo que ocurre al ver una película que si bien nos percatamos de cuál es la trama, no nos termina de cerrar la idea. Sentimos que algo le faltó al film.
Efectivamente fue eso lo que sucedió. La historia estaba incompleta. Y estaba incompleta porque el o los autores dieron por hecho que su genialidad artística y que lo tácito tenía que ser comprendido por su público. Que éste tenía la obligación de entender su modo surrealista de decir las cosas sin decir nada.
Sin embargo, aunque nos cueste creerlo hay algo más obtuso que enviarle a las masas mensajes incompletos. Y es creer que se les está enviando un mensaje, pero éste es solo conocido por el creador del mismo, ya que a la gente, lo único que le llega son imágenes difusas, diálogos sin sentido y escenas delirantes.
Es decir, existen guionistas, directores, productores del séptimo arte que al parecer todavía no logran comprender que la poesía surrealista ya es bastante complicada de entender cuando está plasmada en un libro, con mucha más razón lo será si a ésta se la traslada a la pantalla cinematográfica. Porque un toque de poesía bien pulida en una película es encantador, pero poesía cruda recién salida de la maquina en un film, es aterrador.
Entonces, esquematizaremos bien la cuestión para que sea totalmente entendible y, para ello, volveremos a poner como ejemplo a David Lynch.
No es que tenga algo contra el señor Lynch, Pero es alguien que ejemplifica perfectamente el punto que estamos tratando.

David Lynch tiene un estilo muy personal. Es casi el mismo estilo que le ha valido en sus comienzos el reconocimiento de sus pares y de algunas organizaciones artísticas con sus películas experimentales.
Más tarde alcanzó la popularidad al ser nominada el hombre elefante a los premios OSCARS.
Continuó con su atípica manera de crear cine (un cine fuera de lo convencional, pero al mismo tiempo legible) pero de la noche a la mañana, solo Dios sabe que le ocurrió a su mente creativa y poética y, en los últimos años, no pudo desprenderse de ese cine inentendible, delirante y sin mensaje alguno.
Basta con ver IMPERIO, un film estrenado en 2007. El cual no pudo ser siquiera vistoso ni con la participación de los grandes actores que la protagonizaron o la bella música que le implementaron. Una película que prueba de manera tajante que la poesía cruda se plasma en los libros, mas no en el celuloide.
Y no es una cuestión de gustos, de intelecto o de comprensión de estilos cinematográficos. Porque en aquel entonces y con el film en cuestión del señor Lynch, un grupo de publicistas y cinéfilos, realizaron un experimento.
En un cine de Buenos Aires en donde se proyectaba dicha película, se le retiró un acto al azar.
Es decir, la película constaba de 8 latas (8 actos) y se siguió exhibiendo con 7 actos como si nunca hubiese sido tocada. En consecuencia y al igual que sucedía anteriormente a que a IMPERIO se le retirase un acto, la mitad de la sala se retiraba antes de que terminara la función y exclamaba comentarios burlescos e irónicos como: Nos devuelven el dinero de la entrada, no? Éste hombre consumió drogas antes de filmar?  Ver esta película gratis, es un robo.
Uno o dos adoradores fanáticos de Lynch presentaban una queja por lo incompleto del film, pero no se percataban de ello porque la entendían, se daban cuenta porque ya la habían visto 4 o 5 veces.
No obstante y como era de esperarse, el 50% que permanecía en la sala hasta el final, aplaudía de pie un film incompleto. Así que los que llevaban adelante el experimento, redoblaron la apuesta. En cualquier momento de la misma película a la cual le faltaba un acto, colocaban delante del lente del proyector, plásticos trasparentes de colores.
En consecuencia no solo sucedía lo mismo que en la prueba anterior, sino, que a eso había que sumarle el hecho que al salir de la sala, el publico que hubo permanecido allí hasta terminada la película, debatían enérgicamente sobre que era lo que el autor deseaba comunicar con el uso de los distintos colores en tal o cual escena e ignorando que aquellos colores eran provocados por plásticos ubicados delante de la lente, alcanzaban con su debate conclusiones inimaginables para el coeficiente intelectual promedio.
Si decodificamos el mensaje de éste tipo de películas, cual sería el resultado?
La respuesta es sencilla. Ninguno. Porque no existe mensaje en estos delirios poéticos. Lo único que existe es alguien que cree o que le hicieron creer que era un genio surrealista del séptimo arte y gente que por motivos varios, compra sus productos. Pues, es la ley natural de la vida, siempre habrá un comprador para cada vendedor y los que compran éste tipo de “genero” son metafóricamente hablando, un grupo de sujetos a los que hay que restarles importancia, dado que viven de una fachada cinéfila prefabricada. Para ellos toda película inentendible rodada por un cineasta de renombre es maravillosa. Por qué? Porqué si no la entendieron se pueden ocultar en el alegato de que el film es maravilloso, ya que no habrá chances de que le pregunten por que es maravilloso. En cambio si asegurasen que la película es desastrosa, indiscutiblemente les preguntarían por que es desastrosa y se verían en la obligación de confesar que no la entendieron, perdiendo de esa manera, prestigio como bohemios del celuloide.
Ejemplo: Si usted me preguntase ¿Qué tal tu viaje? Y yo le respondiera ¡Maravilloso! Con suerte usted diría: Me alegro.
Ahora bien, si me realiza la misma pregunta y mi respuesta es ¡Desastroso! Su inconsciente lo obligaría a cuestionarme porque mi viaje fue desastroso, y no se conformaría con un simple ¡Qué pena! De su parte.
Por esta razón, si decodificáramos el mensaje que imparten estos pseudos bohemios del séptimo arte, nos toparíamos con el hecho de que estos son seres extremadamente cultos en lo que compete a la historia del cine con respecto a los distintos directores, guionistas, actores y films que la componen, pero que en la práctica su política es obsoleta, dado que propagan la idea de que cuando un director o un autor del pesado cine poético tiene poca concurrencia, su obra posee un público de culto, cuando en realidad, sus obras convocan solo a unos pocos porque sus trabajos no los entiende nadie y nadie, gastaría dinero o tiempo en ellos.
Aseguran desde hace siglos que el arte no se explica, se entiende.
El arte no se explica cuando es legítimo, tal y como lo hemos planteado anteriormente. Porque si el mismo otorga la posibilidad de tener que ser explicado, entonces no es arte. Es algo que no hace más que aburrir y confundir a las masas.

Es por ello que teniendo en cuenta todo lo que hemos tratado en éste capítulo, les recomendaré que no olviden dos puntos en particular.
1 – El verdadero mensaje indiscutiblemente es el que entiende el público en general.
2 – Teniendo siempre en cuenta el punto número 1, la única decodificación del mensaje cinéfilo que nunca debemos olvidar, es que si en talleres en donde en teoría enseñan a comprender los mensajes de las películas utilizan nuestro trabajo como material de estudio, nuestra obra valió muy poco. Pues nadie puede enseñarnos un mensaje oculto solo comprendido por su creador, ya que eso sería lo mismo que alguien nos quisiera hacer coincidir en la forma que tiene una nube. Todos veríamos algo diferente en ella y todos tendríamos razón.
Es por eso que la decodificación básica es sencilla. Si un mensaje es claro y limpio, no necesitará decodificación alguna y éste será totalmente vendible.